22:00 – Estación de Tren de “Sealdah”. A esta hora salia nuestro tren rumbo a Darjeeling. Mi primer viaje nocturno en tren. Me toco la cama lateral de arriba (y digo cama cuando en realidad seria más bien… colchoneta). Nos decidimos a dormir después de un tentempié de patatas fritas, naan (pan indio), queso y chorizo. La noche se me hizo bastante corta a pesar de no haber podido apenas dormir entre las conversaciones y carcajadas nada silenciosas de un grupillo de jóvenes indios, los ronquidos de algunos de los que estaban durmiendo, las paradas en las distintas estaciones, las visitas de los vendedores ambulantes… Llegamos a la estación de Siliguri a eso de las 08:00 de la mañana. Macutos a la espalda y en busca de un Jeep que nos llevara a Darjeeling; lo conseguimos, un Jeep con asientos para 8 personas en el que finalmente viajamos 12, ¿qué necesidad hay de ir cómodos para un viaje por carreteras mal asfaltadas y caminos de cabras durante 3 horas? Ninguna; a pesar de el apretujamiento y el meneo del vehículo, el incesante movimiento del jeep frente a los constantes baches era como una mecedora que hizo que me durmiera parte del camino; el resto del tiempo lo pase admirando el paisaje y disfrutando de unos ricos momos en una de las paradas que hicimos para estirar las piernas e ir al baño. Finalmente llegamos a Darjeeling. De nuevo macutos a la espalda y pateadas de arriba abajo buscando alojamiento… ¡¡¡madre mía!!!, ¡¡¡que de cuestas hay en este lugar!!!
Hotel Abhi Satya. Pequeño alojamiento en lo alto de una colina. Habitación sencilla, sin calefacción, con dos camas grandes y un baño sin agua caliente en el que un grifo y unos cubos (uno grande y otro pequeño) sustituyen a la alcachofa de la ducha, y un agujero en lo alto de un escalón es el equivalente a un vater. Hacia mucho pero que mucho frío y yo, a parte de un forro polar (que es lo único abrigado que metí en mi equipaje al irme de España), no tenia nada mas que ropa de verano así que… capas y capas para sentirme abrigada: leggins, pantalones, calcetines y botas de montaña… un par de camisetas (o 3), una chaquetita, el forro, un pañuelo al cuello y unas orejeras que me compré nada mas llegar. Asé me pasé todos los días, como una cebolla andante. Para dormir, con pantalones largos, camiseta y chaqueta, metida en el saco de dormir y bien acurrucada junto a Lara bajo una manta y un edredón; aun así, pasamos frío… Para ducharse, mucho valor y un cubo grande de agua caliente que habíamos pedido al responsable del alojamiento previamente; la ducha fue mejor de lo que esperaba; al principio no tenia muy claro como iba a defenderme en ese cuartito de baño frío con ese cubo de agua caliente a mi lado… pero al final todo fue de maravilla, pase un poquito de frío al principio y al momento ya me hice con la manera de ducharse india: por partes y con un el cubito pequeño como principal instrumento para mojarse y enjuagarse.
El primer día en Darjeeling fue tranquilo. Llegamos, nos asentamos en el hotel y fuimos a dar un paseíto. Primera comilona típica, primera taza de “Darjeeling Tea” y primer contacto con la población local.
Segundo día. Nos levantamos prontito y nos fuimos a dar un paseo; desde la plaza de Chowrasta tomamos una callecita por la que anduvimos bajando durante varias horas y desde la que pudimos disfrutar de unas impresionantes vistas: un espectacular paisaje montañoso inundado de plantaciones de té; por el camino nos fuimos encontrando con mucha gente, muchos niños vestidos de uniforme y muchas personas mayores sonrientes que nos iban indicando el camino; nos encontramos también con muchas tiendecitas (especie de kioscos donde vendían bolsas de patatas, chocolatinas y demás…; las cuales al mismo tiempo hacen de vivienda), preciosas y llamativas casitas, templos budistas… Llegamos a un Refugio Tibetano (Centro de Autoayuda para tibetanos refugiados) en el que visitamos la exposición de fotografía y la tienda de artesanía. Seguimos nuestro camino hasta llegar a un lugar con cabañitas en el cual hicimos una parada para sentarnos, descansar un poquito y disfrutar de las vistas acompañados por un vasito de té y unos momos de verduras… Ummm… Vuelta para Chowrasta, comida y para el hotel a acicalarnos un poco antes de aparecer en la boda. Y es que esta fue nuestra principal razón para hacer la escapada a Darjeeling; Santosh y Vivec tienen familia en esta ciudad y nos invitaron al evento. Llegamos al lugar de la celebración, visitamos la habitación donde se encontraban sentados los novios recibiendo a todos los invitados y después de pasar un rato charlando con ellos nos fuimos a la sala donde habían montado el buffet: arroz, verduras, pollo, cordero, pan y picante, mucho picante.
La siguiente jornada empezó con un buen madrugón. Los despertadores sonaron a las 04:00 de la mañana; remoloneamos un poco y al ratito nos pusimos en marcha; nuestro objetivo: ver el amanecer en “Tiger Hill”. Salimos del hotel; las calles estaban desiertas; hacia menos frío de lo que esperaba. Cogimos un Jeep y en media hora aproximadamente ya estábamos en La Colina del Tigre; nosotros y cientos de personas mas. Yo me esperaba otra cosa; la vista era preciosa… el sol se resistió a salir hasta las 06:00 mas o menos; justo antes de su aparición, enfrente, el Himalaya se iba iluminando de un amarillo anaranjado precioso… La vista lejana y el lugar abarrotado de gente: escasos blancos, no muchos turistas y si muchos indios esperando obtener su ración de “good luck”… todo ello acompañado de frío, empujones y gritos de “coffee, coffee, coffee…!!!”. Lo dicho, me esperaba otra cosa; no obstante, me encantó ver el Everest y el resto de picos himalayos a lo lejos, rodeados de nubes esponjosas, iluminándose… A las 07:00 estábamos de vuelta en el hotel; nos acostamos un ratito y a eso de las 11:00 mientras todos los demás seguían durmiendo, me fui a dar un paseíto por las calles de Darjeeling. Todavía a esta hora, a pesar de las 6 horas de luz que ya habían pasado, la ciudad se estaba despertando. Caminando cuesta abajo y cuesta arriba… viendo diferentes puestos de fruta, verdura, especies, artesanías… Las calles se convierten en auténticos mercados. Descanso en la plaza de Chowrasta observando a la gente: los bancos completos de personas, palomas y perros por toda la plaza, niños jugando, familias paseando… vendedores de algodón de azúcar y señores acompañados por caballos esperando a que alguien se anime a subirse a uno de ellos y dar un paseíto. Nos juntamos todos para comer; de nuevo comida típica, té y de nuevo paseíto. Acabamos el día tomando una sopita de noodles, verdura y huevo a oscuras en un pequeño restaurante situado en la calle que va desde Chowrasta hasta nuestro hotel; y digo a oscuras ya que todos los días, durante aproximadamente 1 hora, la luz deja de funcionar en la ciudad y esta pasa a estar iluminada por velas y poco mas. La sopa riquísima y el establecimiento muy acogedor… era como estar en la cocina de la abuela.
Último día en Darjeeling. Mi despertador sonó a las 07:00 de la mañana; el otro día me había quedado con muchas ganas de dar un paseo por las plantaciones de té y de ver a sus maravillosas recolectoras trabajando así que me desperté, preparé mi macuto (esa mañana tocaba hacer el check-out, con lo que preferí dejar mi equipaje listo antes de salir para así no estar pendiente y volver al hotel sólo para coger la mochila, pagar y irme) y me preparé para salir de excursión; finalmente a la hora de despedirme del resto del equipo (la mayoría estaban enfermos del estómago), Vivec se animó y fuimos juntos a “Happy Valley Tea Estate”. De nuevo caminata cuesta abajo; no sabíamos hacia donde teníamos que ir así que fuimos preguntando a la gente que nos íbamos encontrando por el camino, todos sonrientes y encantados de intentar orientarnos; también tuvimos la suerte de cruzarnos con una manada de monos (me acordé mucho de mi sobrino Guille… y de mi cuarto plagado de simios… “monooo… monooo…”)… estos, sin embargo, no nos ayudaron a encontrar el camino. Por fin, en una de los caminitos de bajado, en una de las curvas, al asomarnos, vimos la fábrica de “Happy Valley”; bajamos y bajamos, paseamos por la plantación… vimos pequeños poblados en medio de los campos, y por casualidad entramos en uno de ellos; allí nos encontramos a un grupo de niños jugando al badminton; al ver a Vivec rápidamente empezaron a llamarle (“uncle! uncle!”) y a pedirle que jugara con ellos; al ratito fui yo la que me animé. Seguimos paseando y al cabo de un par de horas decidimos emprender el camino de vuelta. Por desgracia ahora es temporada baja y los domingos no hay recolección, por lo que me conformé con ver los campos, hacer fotografías, jugar con los niños y disfrutar de un delicioso té en “Happy Golden Cafe”, una casita-tienda-cafetería-tetería situada cerca de la fábrica. De vuelta al hotel; nos juntamos todos, hicimos el check-out, nos despedimos de Javi y Ana, quienes se quedaban ahí unos días mas para luego emprender viaje rumbo a Nepal. Esta vez nos montamos en un pequeño coche dirección a Siliguri, a la estación de tren de “New Jalpaiguri”. Salimos temprano ya que estaban de manifestación en Darjeeling y teníamos miedo de que cortaran las carreteras; de camino, cuando ya estábamos llegando nos paramos a hacer una visita a unos familiares de Santosh y Vivec. Nos recibieron sonrientes; nos ofrecieron café, té y pastas, y cuando se metieron madre e hija en la cocina a preparar momos pedí permiso para ir con ellas y así ver y aprender como preparar esa delicia: por una parte las verduritas trituradas, por otra parte la masa y luego envolver y cocinar; los momos son como una especie de “empanadillas”, pueden ser de verduras o de pollo (o al menos esos son los dos tipos de momos que hasta el momento he visto yo); apunté la receta en mi diario y después me puse con ellas a enrollar los momos… yo, en medio de esas dos indias… mis manos lentas e inexpertas al lado de esos 2 pares de manos súper hábiles y rápidas… La verdad es que no se me dio del todo mal. Me encantó compartir ese rato con ellas en la cocina, escuchando sus explicaciones culinarias, hablando y riendo. Cenamos esos ricos momos y nos despedimos. Un motorickshaw, dos motorickshaws y llegamos a la estación. De nuevo cama lateral de arriba… Esta vez los jóvenes charlatanes indios fueron sustituidos por una panda de pequeños malcriados… El resto todo igual. Llegamos a las 06:30 de la mañana a Calcuta. Taxi hasta el hotel y a descansar.
Mi sensación después de este viaje es de pura curiosidad por conocer más a fondo toda esa zona: ir a Sikkim, a Nepal… Conocer todos esos lugares, su gente, su cultura… Me parece otro mundo; no tiene nada que ver con Mumbai o Calcuta. Es una ciudad con esencia de pueblo; un lugar tranquilo y frío; la gente mucho más abierta y sonriente; sus rasgos mas nepalis y chinos que indios; con una pobreza menos aparente… Un lugar precioso. Me uno al “IYDarj” que inundó las calles de Darjeeling ese sábado que pasamos allí… Gente vistiendo camisetas y delantales con ese logo, gente orgullosa de su ciudad. No es para menos.
PD: ¡¡¡qué rico té!!!
Hola Elisa...
ResponderEliminarAsi que, ves monos y te acuerdas de tu sobrino Guille????? te voy a dar yo a ti mono, monos y más!!
Me encantan tus viajes Elisa!! estoy esperando catar esos Elisi-momos cuando vengas!!
Necesitamos más fotitos en las que aparezcas... que se de uno que se rie mucho.
Besos!!!!